Las desinstalaciones de la aplicación móvil de ChatGPT en Estados Unidos aumentaron un 295 % tras conocerse el reciente acuerdo entre OpenAI y el Departamento de Defensa (DoD) de EE. UU., según datos publicados por firmas de análisis de mercado. El incremento se registró el 28 de febrero, apenas horas después de que trascendiera la colaboración, lo que sugiere una reacción inmediata de parte de los usuarios.
De acuerdo con métricas de la plataforma de inteligencia de mercado Sensor Tower citadas por varios medios tecnológicos, el salto en desinstalaciones superó ampliamente la variación diaria habitual, que ronda el 9 %. Este comportamiento anómalo indica que el anuncio tuvo un impacto directo en una parte de la base de usuarios de la aplicación.
El acuerdo con el DoD forma parte de los contratos tecnológicos que el gobierno estadounidense mantiene con empresas del sector privado para explorar el uso de inteligencia artificial en distintas áreas, incluyendo investigación, análisis de datos y posibles aplicaciones logísticas. Aunque no se han detallado públicamente todos los alcances del contrato, el vínculo con el ámbito militar generó debate inmediato en redes sociales.
En paralelo al aumento de desinstalaciones, algunos informes destacan una caída en el volumen de descargas de ChatGPT en la App Store estadounidense durante ese mismo periodo. Además, se registró un incremento significativo en las reseñas negativas, con un repunte de valoraciones de una estrella en los días posteriores al anuncio.
Mientras tanto, aplicaciones competidoras experimentaron un movimiento inverso. En particular, Claude, desarrollada por Anthropic, habría registrado un aumento en descargas en el mercado estadounidense durante las mismas fechas. Este desplazamiento sugiere que parte de los usuarios que decidieron eliminar ChatGPT podrían haber optado por alternativas dentro del ecosistema de IA generativa.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el papel de la inteligencia artificial en el ámbito militar y gubernamental. Históricamente, la colaboración entre empresas tecnológicas y agencias de defensa ha generado tensiones internas y externas. En los últimos años, trabajadores de grandes compañías del sector han expresado preocupaciones éticas cuando sus desarrollos se vinculan a usos militares.
Desde OpenAI no se ha informado de cambios en las políticas de uso para consumidores derivados de este acuerdo. La compañía ha reiterado en distintas ocasiones que sus modelos están sujetos a directrices de seguridad y a marcos de uso responsable. No obstante, la percepción pública puede verse influida por la naturaleza de los socios institucionales con los que colabora una empresa tecnológica.
Es importante contextualizar que, pese al aumento puntual del 295 %, no se ha confirmado que esto represente una tendencia sostenida a largo plazo. Las aplicaciones con bases de usuarios masivas pueden experimentar picos temporales de instalación o desinstalación en respuesta a controversias mediáticas, para luego estabilizarse en las semanas siguientes.
El caso también refleja la creciente sensibilidad social en torno a la gobernanza de la IA. A medida que estas tecnologías se integran en sectores estratégicos, las decisiones corporativas adquieren una dimensión pública más amplia. Para empresas como OpenAI, mantener la confianza de los usuarios será clave en un entorno donde la transparencia y la ética tecnológica son factores cada vez más determinantes.
Por ahora, el dato más contundente es el incremento abrupto en desinstalaciones inmediatamente posterior al anuncio del acuerdo. Quedará por ver si se trata de una reacción coyuntural o si marca un punto de inflexión en la relación entre usuarios y plataformas de inteligencia artificial vinculadas a contratos gubernamentales.





